Hay cartas de despedida que nunca envías
para no escribir el punto y final.

* * *

[Recuperado de un cajón cerrado]

Ahora, cuando ha llegado la calma después de la euforia de la liberación, es cuando empieza el verdadero duelo, la verdadera falta, la cama gigante, los desayunos sin esmero y la motivación a medio gas.

Las pequeñas novedades que ahora pasan en mi casa me parecen titulares de primera página que deberías leer. Qué extraña ley la del silencio después de las rupturas, como si de repente fuésemos un cáncer que extirpar; qué extraño repetirle a mi rutina que se olvide de sí misma, que tiene que suicidarse y que antes de irse más le vale dejarme algún sustituto interesante.

Pensarás que vaya intensidad… pero piensa también que aunque ahora tenemos el mundo entero por delante, mi casa es tu casa, y que todo aquí es lo mismo, pero sin ti.

A todo esto, yo lo que quería decirte es lo valiente que somos. Quería decirte que estoy contigo en este duelo, que no soy tu cáncer ni tu enemiga. Sé que nunca tratarías así a nuestro universo, pero como entiendo que hay momentos desesperados en los que cambiamos el nombre a las cosas para dejar de reconocerlos cada día, pues por si acaso.

Entiendo que manteniendo en alto todo nuestro peso es mucho más difícil salvarte a ti misma de los obstáculos, pero es la única forma de salvar todo lo que hemos sido para nunca dejar de serlo de una u otra forma. Yo te tengo en una mano mientras hago el resto de mi vida con la otra. Es un poco más difícil hacer las cosas con una sola mano, es la verdad; pero tampoco podría hacerlas más rápido por ahora aunque te soltase de repente y sin mirar.

En los días del corazón blandito nos reprocharemos un montón de cosas dándonos golpes en la cabeza; cosas a las que no sabremos darle argumentos suficientes. Eso será un verdadero tormento hasta que acabe el día o cambiemos de entretenimiento. Pero en cuanto consigamos dormir, nos quedará sólo la sensación bonita de tanto amor. Y los golpes serán caricias y la pena una media sonrisa con mucha emoción.

Ya sé que tú eres más práctica que yo y yo más redundante que tú. Pero no sé, esto es distinto. Es una semilla viva que va a seguir creciendo según el ambiente, según el abono y los desastres naturales, pero siempre creciendo. Y quiero que sepas que hay un jardín entero para ti dentro de mi en el que puedes construir todo cuanto quieras. Hay una cabaña sólo tuya y vino blanco en la nevera. Hay un viaje alrededor del mundo lleno de risas y de posturas incómodas para dormir. Hay una película a medias y una caravana llena de gatos. Desayunos elaborados y recetas inventadas. Manos perfectas y boca de no parar de mirar. Sexo precioso, sexo salvaje, sexo completo, sexo brutal. Besos preciosos, besos salvajes, besos completos, besos de verdad. Te abrazaría todas las noches, sinceramente.

Pero perdona. No quiero hacernos llorar.

Si te escribo así es porque
sé que vas a vivir cosas preciosas
y aunque no esté,
no quiero dejar de mirar.

Si te escribo así es porque
sé que voy a vivir cosas preciosas
y aunque no me veas,
no quiero dudar de que estás.

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