Pequeña indio esquiva

 

Pequeña indio esquiva.

Corriendo por el mundo huyes de casa. Cuando corres por casa huyo del mundo.

Eres tierra. Firme, sólida, compacta. Volátil en golpes de viento.
Eres de la tierra y del viento, por más que te empeñes en no ser de nada. Eres muy tuya.

Para seguirte hace falta una yeguada motivada y para estar contigo sólo un pecho abierto en el que acariciarte el pelo.

En pleno vuelo pides casa, en plena casa pides alas, en plenas alas pides agua, en plena agua pides leña, en plena leña te enciendes. Todos tus procesos químicos, físicos y cínicos buscan la luz, pero te tapas la cara con sombras de otras caras.

Pequeña indio, ¿qué esquivas?

 

Ver más

Sigur Rós – Valtari

Baila.
Deja de retorcerte en tus ruinas y rajarte con escombros la piel tensa.
Estírate las venas y palpita hacia la luz cegadora de la potente primavera.
Ven lamiendo las esquinas de la ruta desconocida.
Ven lamiéndote, ven a las esquinas.
Ven girando sobre tus convencimientos.
Baila.
Ven bailando lo que ese beso le ha dicho a tus tripas.

Deja que el miedo que tienes riegue tus raíces,
tus tierras yermas, tu tierra prometida.
Deja que el miedo te empape y te tiemble la boca
con un corazón más a galope que veinte estampidas.

Deja que el miedo que tengo riegue tus flores blancas,
te construya un imperio, te lama las esquinas,
te gire los convencimientos, te baile en las tripas.
Te eche raíces,
y que haga de tu tierra yerma, la prometida.
Deja que el miedo que tengo te galope en el corazón
y apretándonos las manos
bailemos
en mitad de la estampida.

 

Ver más

Vienes
porque nadie te ve de camino.
Pero siempre tienes prisa
porque te ves a ti misma.

Y no vaya a ser que te cotillees que estuviste
un tiempo sospechosamente largo metida en mi portal,
o que llevabas la falda demasiado corta
para haber llegado por casualidad.

Pero la realidad es que vienes
porque aquí tienes tu premio de animal.
Tu casa de ciega con cada mueble en su lugar.
El padre en la grada el día de una gran final.
La luz del pasillo encendida
la noche de Reyes.

Y tengo la certeza de que vienes
porque sabes que hay cosas para ti

.

sin que nadie te diga que las habrá.

Ver más

El tiempo es un invento de otros.
Y tú y yo
no tenemos medida.

* * *
[Recopilado del  17 de Octubre de 2013]

Ya lo supe cuando me conocí: la magia que yo comprendo está en la calle. Está en un tejado con vistas a una gran ciudad, en un barrio viejo, en el personaje de medianoche que puede darte miedo o la vida, o en cualquier imitación a América la del centro o la de más abajo.

El tiempo, sustantivo incontable, está después de lo que estoy pisando. El tiempo está después del impulso que tuvimos por ser felices. El tiempo se cree consecuencia. Y… ¡ay! podemos mirarlo con compasión y recordar los besos en la puerta del tren con la ciudad girando dentro de nuestro pelo y los maquinistas aplaudiendo.

Cuando tú agitabas la mano y yo sonreía hacia la izquierda todos se comían las uñas. Pobres, jamás tendrán el tiempo que duramos.

Y ahora, nuestras ciudades han decidido cambiar de estación para concedernos el placer de volver a aprenderlas y hacernos rejuvenecer buscando en el nuevo otoño todo lo que no tuvimos el anterior.

Qué bien que nos creímos tan creyentes el tiempo que está después.

Ver más

Sé que será muy difícil que vuelvas a encontrar quien te bese
y te sirva como un boca a boca.

* * *
[Recuperado del 20 de Septiembre de 2012]

Te comes los corazones a bocados grandes. Lo peor es que lo haces con cara de cordero y con la saña de un lobo tonto. Camuflas de inocencia la ciencia y el ritual de tu encantamiento, y aunque te crees reina del mundo por un momento, yo sé que después de cada dos víctimas te pierdes entre las cuatro paredes de tu soledad.

Lo siento, por conocerte más de lo que querrías.

También conozco que estás atascada en un amor de retrete, de los que ya sólo tienen mierda y en los que sólo puedes seguir cagándola, que te falta coraje para ser feliz y te atrincheras en la euforia de emociones superficiales. Mi amante, hasta que no te perdones, no desatarás el nudo que te ata al lastre de tus ganas de enmendar algo tan roto.

Pero entiende, además, que darte entera por veintiún días y romper cajas torácicas de otros mártires atranca nudos nuevos en una soga mojada que jamás te dejará encontrar la paz.

Estás en transiciones, yo lo sé. Transita, transita, pero piénsate lo de los atropellos y el seguir destrozándote tus propios altares, párate mejor a comprar flores y sonríe con cariño a los desconocidos en lugar de leerles la mano prometiéndoles el futuro que les daría un tuerto.

En tu disfraz de crecida sueltas improperios por los dedos, y los publicas. Tú, preciosa, tú… que serías capaz de amar al amor con el mismo cuidado y esmero con el que duermes a la carne de tu carne.

Pero va, no me agaches la cara. Ven, abrázame, cariño. Te dejo mi cuello a la altura de tu boca. No me vayas a sacar el colmillo que soy la que menos lo merece (y tú lo sabes, que yo lo sé), sólo quiero abrazarte y ‘que la paz sea contigo’.

Que yo no te culpo por ser caótica, sabes que a mi me hipnotizaron tus alternativas y tus calcetines bicolor, que me parece encantador el plagio que haces a lo que te enseñé, y que te he visto llorar. Eso es algo parecido a haberme sentido mucho, aunque ahora sepa que eran discursos en modo ‘repeat’.

Pero por suerte, nunca fui tan víctima como siempre has creído, y soy yo la que no ha dejado de creer con todo mi cariño que, algún día,

te salvarás de ti.

 

 

Ver más

Ascuas de San Juan

Aunque en la vida cambiemos de hábitos
no podemos quitar importancia a los rituales,
o nos quedamos sin personalidad.

 * * *

[Recuperado del 18 de Junio de 2012]


Yo creo que nada de esto es grave.

Que quizás sí que esté pasando eso del fácil autocontrol. Lo de tratarlo todo con pipeta y guantes de látex, lo del encuentro sin reencuentro. Lo del microrrelato y seguir respirando después. Lo de tener tiempo libre sin pensar en mi, y el hacerle la 13-14 a la ambición de mejorar.

Quizás, ni siquiera eso de ronronearte en el pecho el domingo por la mañana y que te haga feliz esperar un poco más en la cama para hacer el plan de las 11, sea algo importante.

 Tampoco, desde luego, eso de vivir a cámara lenta el boceto de mi pelo por delante de la persiana, mis arrugas en la frente al enseñar los dientes, el viajar al Orión de mi vientre, ni siquiera las veces que sonrío con los ojos hinchados y cuando tuerzo los labios.

Falacias. Todas mentiras.

Perdona que te haya invitado a vivir. Perdona que quiera hacerte fuerte. Disculpa, además, que sepas que yo puedo hacerlo.

Que el reflujo del tiempo esté en pleno auge. Y si no quieres cambiar tus planes, deja de elegir el lado del colchón. Cuídate de que Bután no vaya a ser mi destino definitivo y de que el Levante no vaya a traerme un corazón nuevo en zeppelín. Oye, y carboniza el plano ese con las medidas exactas de tu sonrisa.

O la construyo,

y me quedo a vivir.

 

Ver más