A tus días enfermos:

 

Crees que has destruido mi día con tu llanto desafortunado, y sin embargo has curado mi semana con con tu beso desesperado lleno de agua y fuerza.

Crees que no es mi responsabilidad salir encabezando tus luchas, que saliendo desnuda de la cama puedo hacerme daño con el pico de cualquiera de tus flaquezas.

Crees que tus paradas van a retrasar mi llegada a las metas y que, si me siento a tu lado, pueden fallar algunas de tus culatas apestando de pólvora malgastada mi felicidad.

Crees que alrededor de tus relámpagos no puedo ver belleza, pero no sabes que toda la luz que desprendes en tus tormentas duplica mi visibilidad.

Crees que no debería ver cómo te agachas frente a tus sombras gigantes,
y yo creo que no debería perderme el espectáculo de ver cómo te levantas para deslumbrarlas.

 

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